sábado, 22 de septiembre de 2007

Juntos hasta el fin.

Era ya la noche de luna llena, te esperaba tan fielmente como fue nuestra promesa, aspiraba inmensamente a la compañía de tu presencia y cuando hacia a la luna miraba, también miraba el amor que sentía cuando solo a ti te recordaba.Ho si, miraba a la luna y sentía que miraba tus ojos y entonces la pasión del recuerdo en mi ser provocaba; eras tú mi dulce luna, mi cálida noche y mi prudente silencio, y estabas impregnado en el cuerpo joven de un bello muchacho.Eras tú el silencio y él tu complemento y juntos construían la mitad que me faltaba, en el cuerpo y en la imagen de una joven niña, eras... la cosa que más amaba, la persona en la que más pensaba y poco a poco fue pasando el tiempo y de pronto... tu llegabas.Los rayos de la luna iluminaban tu rostro y el ruido de unas hojas secas, arrastradas por el viento, la atmósfera ambientaban.Ho, cuanto te amaba y aquel día tu compañía hubiese sido solo mía, pero justo cuando te acercabas, un infame envainaba su espada y la clavaba en tu pecho tan cobarde por la espalda; Si supieras el dolor que sentí, fue tan grave como si yo hubiese recibido la puñalada, pues tu dolor, al estar unida a tu alma y a tu corazón, también era mío, yo moría si tu morías y yo respiraba si tú lo hacías.¡Que maldito infame el que te dio la espalda! Ni pensar que lo ayudaste porque así yo lo pedí, y no sabes que arrepentida estaba, pero eso ya no importaba, si no mas bien, el dolor que te afligía ¡tu morías! Y yo te veía sin poder hacer nada ¡te daré mi vida- te decía- pero tu solo te negabas, pues el dolor que te afligiría seria más grande que el que te causaba la herida-me decías. Que maldito instante aquel, donde poco a poco te perdía y tendido en mis brazos té tenia ¡no creía! No sabes cuanto me dolía, poco a poco el dolor me consumía y pensaba en el maldito que había querido darle fin a tu vida, ¡él moriría! Eso lo prometía, ¡nadie dañaba a mi luna, la luna más bella que en la faz existía, nadie ocultaba a mi noche, excepto los rayos que en mi regazo te confortaban; Y entonces con una grave agonía llame a los cuatro vientos, para saber si con ellos paz a tu muerte daba, con la muerte de aquel infeliz que el principio de tu muerte daba, y eran tantos mis deseos de venganza que decidí hacer yo misma la venganza, y cuando dispuesta a ir estaba, tu me tomaste de la mano y me pediste compañía,-esas eran tus ultimas palabras- pero ¿qué pasaba? Sin vengar tu ofensa yo quería y tu solo me decías- no importa ya- y mi mano apretabas, y entonces... comprendí que me necesitabas, yo estaría a tu lado aun si la ira me llamaba a saciar mi instinto suicida, y entonces el corazón que me ataba a ti se rompía,y una herida en mi se marcaba, yo moría porque tu morías, yo sufría porque tu lo hacías y yo reía porque tu a mi lado estabas.Moriremos juntos-dije- y en nuestros rostros una espontánea sonrisa. Sabíamos lo que pasaba y como es que terminaba pero... el tan solo saber que uno al lado del otro estaba, una inmensa alegría nos daba, pues ya nada importaba, estariamos juntos de aquí, hasta que se cansara el alma....

No hay comentarios: